Francisca Aguirre ha sido galardonada con el Premio Nacional de las Letras 2018. Concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte, este premio distingue el conjunto de la labor literaria de un autor o autora cuya obra esté considerada como parte integrante de la totalidad de la literatura española actual.

Esta alicantina, hija de artistas, nacida en 1930 vivió de lleno la Guerra Civil y su dura posguerra. En el año 1940, el régimen franquista encarcela a su padre. Lorenzo Aguirre y, Francisca y sus hermanas comienzan un periplo por diferentes colegios de monjas para hijos e hijas de personas apresadas por motivos políticos.

En 1942 ejecutan a su padre mediante garrote vil en la prisión de Porlier, lo que marcará una profunda herida en Francisca.

Comienza a trabajar con tan sólo 15 años, pero esto no impidió que continuara una formación autodidacta. Francisca Aguirre, siempre tuvo grandes inquietudes que la llevaron a hacerse socia del Ateneo de Madrid, donde conoció a mucha gente que iban a influir en su forma de ver la vida, lo que reflejará en su poesía. Participó en dos de las tertulias más influyentes del Madrid de la época, la tertulia poética del Aula Pequeña del Ateneo, dirigida por el poeta José Hierro, y por otro la tertulia teatral del Café Gijón coordinada por Antonio Buero Vallejo. Y al mismo tiempo, leía a Vicente Aleixandre, a Pablo Neruda, a Miguel Hernández, a Antonio Machado, a Blas de Otero, a José Hierro, a Cavafis…

En 1976 publicó su primer poemario Trescientos escalones, dedicado a su padre y por el que le concedieron el Premio Ciudad de Irún. Dos años después publicó La otra música.

Diecisiete años después publica dos libros en prosa, Que planche Rosa Luxemburgo, de narraciones breves y las memorias Espejito, espejito. En 1996 vuelve a la poesía con Ensayo General y Pavana del desasosiego, publicado en 1999. En el año 2000, publicó Ensayo general. Poesía completa, 1966-2000, donde se recoge toda su obra poética publicada hasta esa fecha, en 2006 La herida absurda y Nanas para dormir desperdicios, un año después. En 2010 obtuvo el Premio Miguel Hernández con su poemario Historia de una anatomía, obra con la que ganó en 2011 el Premio Nacional de Poesía.

Francisca Aguirre pertenece a la generación del 50, junto con Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines o Claudio Rodríguez pero la tardía publicación de su primer poemario ha supuesto que su nombre se vea apartado de las antologías de su generación.

El simbolismo es una constante en toda su obra, y sus temas recurrentes son la identidad del yo, la soledad, la pérdida y la guerra; por ello, se ha etiquetado su poesía como machadiana.

«Como yo he tenido un contacto con la muerte prematuro, por la guerra del 36 y las barbaridades que presencié, pronto aprendí a amar la vida, a pesar de la muerte, así que yo soy una enamorada de la vida»

Francisca Aguirre

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