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19 de junio de 2015, las Naciones Unidas proclaman esta fecha como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos. Y es que hasta 2008, nada menos, la institución no reconoció la violación  en los conflictos bélicos como un crimen de guerra.

La conmemoración de este día -desde luego no es una celebración- tiene un triple objetivo:

  1. La visibilidad de este tipo de violencia
  2. La solidaridad con las personas que han sobrevivido y que sufren el estigma de haber sido víctimas
  3. La lucha contra la impunidad de los agresores

Son muchos los conflictos donde la violación se utiliza como un arma más, una forma de aterrorizar a la población y de fragmentarla, ya que en muchas comunidades las mujeres violadas  son rechazadas y consideradas miembros de los  mismos grupos de los que han sido víctimas.

Por tanto, al daño físico se le suma la sensación de total y absoluta indefensión, el abandono y el repudio. Además, hay que tener en cuenta que el estigma pasa de generación en generación a través de lxs hijxs nacidxs.

Hoy en día, no hay un solo conflicto en el mundo en el que no se recurra a la violación. Es un arma de guerra extremadamente eficaz, con múltiples deflagraciones, que golpea a la víctima, a su familia y a su comunidad. Y se utiliza ya que la impunidad sigue siendo la regla para los autores de esas atrocidades.

Frédéric Burnand

Los cuerpos de las mujeres no son campos de batalla

La indiferencia con la que se trata la violación de guerra, como comenta Céline Bardet, abogada especialista en crímenes sexuales, dice mucho de nuestra sociedad y del sitio que en ella ocupan las mujeres. Falta concienciación, conocimiento sobre las dimensiones reales del problema y empatía con las víctimas.

Como señala Helena Humphrey, excolaboradora de la Cruz Roja, la violación va más allá del acto mismo de violencia: en Bosnia, las mujeres musulmanas han dado a luz a los bebés de sus violadores. En Ruanda, las mujeres tutsi quedaron infectadas con el VIH/SIDA. En 2017, en Myanmar, los rumores de lo que las tropas harían a las mujeres y niñas rohinyás llevaron a cientos de miles a huir a la vecina Bangladesh.

Una mayor paridad de género en las fuerzas de paz reduce naturalmente ese riesgo, pero hace algo más que eso: faculta a las mujeres y niñas a participar en sus propias comunidades, como custodios de la ley, el orden y los derechos humanos. Este es un asunto esencial en la lucha por la igualdad de género y el acceso al poder.

Helena Humphrey

Las organizaciones internacionales tienen la obligación, primero, de evitar por todos los medios que las violaciones se produzcan y, segundo, de procurar los cuidados y atenciones necesarios a las víctimas una vez han sufrido el daño. Pero también de actuar con todo el peso de la ley sobre los culpables.

Aunque no existen cifras oficiales, acercarse a los datos de la organización no gubernamental No somos armas de guerra resulta terrorífico:

80,000 en Nanjing en China en 1937, 200,000 en Bangladesh en 1971, 100,000 en Guatemala, 500,000 en Ruanda en 1994, 60,000 en Sierra Leona y en Bosnia y Herzegovina, de 3,000 a 5,000 en Kenia y Zimbabwe en 2008, 10,000 en Guinea y entre 200,000 y 600,000 en la República Democrática del Congo y Sudán.

Figuras igualmente aterradoras en Libia, Siria, Sri Lanka o Nigeria con Boko Haram. En Irak, hoy se estima que más de 7,000 mujeres yazidi son esclavas sexuales de Daesh, 3,000 de las cuales aún están presas. En Birmania, la violación utilizada como arma de limpieza étnica contra los rohingya ya afecta a más de 50,000 personas. Estas cifras son las documentadas y deben multiplicarse por 3 o incluso por 5 para corresponder a la realidad.

No son solo cifras, son personas, familias, comunidades enteras que han sufrido y que sufren una forma de violencia devastadora y de difícil superación y por eso este  año el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, quiere tener un enfoque centrado en las víctimas.

Dice la autora croata Slavenka Drakulic, que ha escrito extensamente sobre crímenes de guerra en los conflictos balcánicos de los noventa:  “La violación es un tipo de asesinato lento”. Eso significa que la responsabilidad es global, más allá de las fronteras de esos países en guerra y de que en nuestro país no caigan bombas cada noche ni corramos el riesgo de perder la vida al ir a buscar el pan por la mañana.

La indiferencia es un arma muy poderosa contra la que hay que luchar, que deja una enorme lista de víctimas, víctimas a las que las obligamos a pasar por el mismo calvario una y otra vez, por nuestro olvido e insensibilidad.

Una de las maneras más eficaces de tomar conciencia es a través del conocimiento y la difusión. Por eso te dejamos estas dos referencias sobre el tema, por si quieres empezar tu particular lucha. Y de ahí, también, la importancia de marcar en el calendario estos días internacionales.

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