«Pequeños gestos. Grandes cambios». Situaciones de micromachismos (1-5)
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Carmen Delia Díaz Bolaños —profesora de Psicología, Sociología y Trabajo Social, y exdirectora de la Unidad de Igualdad de la ULPGC— lanza, a través del Grupo DiCoS, la campaña «Pequeños gestos. Grandes cambios». ¿El objetivo? Ayudarnos a detectar los micromachismos del día a día para construir relaciones mucho más igualitarias y respetuosas.

Pero, ¿qué es un micromachismo? El término fue introducido por el psicoterapeuta Luis Bonino para describir esos comentarios y actitudes machistas sutiles, cotidianos y, muchas veces, inconscientes que mantienen la desigualdad de género. Pasan desapercibidos como simples "costumbres", "bromas" o incluso "halagos", pero la realidad es que van limitando la libertad, la confianza y las decisiones de las mujeres. Su mayor peligro es que los tenemos tan automatizados que los repetimos sin pensar.
Aquí tienes los primeros cinco carteles de la campaña, aunque ya puedes verla completa en el Espacio Violeta. Cada uno muestra una situación real que nos invita a pensar y revisar cómo nos comportamos.
No se trata de señalar culpables, sino de aprender a reconocer aquello que podemos cambiar. Porque transformar las grandes desigualdades comienza, muchas veces, por revisar las pequeñas.
¿Te suena alguna de estas situaciones? Déjanos un comentario con tu experiencia.
1. «No exageres»
El machismo también comenta. Piensa. Respeta. Actúa.
Cuando una mujer expresa una situación de discriminación, incomodidad o violencia, responder con «No exageres» no ayuda a comprender lo que está viviendo: ayuda a minimizarlo.
Muchas expresiones aparentemente inofensivas cuestionan la experiencia de quien denuncia una situación injusta. Escuchar sin restar importancia, validar las experiencias ajenas y evitar descalificaciones es una forma cotidiana de construir igualdad.
2: «No te ayudo en casa. Vivo aquí.»
La igualdad se construye cada día. Comparte tareas, tiempos y cuidados.
Hablar de «ayudar» en las tareas domésticas transmite la idea de que existe una persona responsable del hogar y otra que simplemente colabora.
La corresponsabilidad significa entender que limpiar, cocinar, organizar, cuidar o realizar gestiones forman parte de las obligaciones compartidas de quienes conviven. No se trata de ayudar: se trata de compartir responsabilidades.
3. Interrumpir también es silenciar
Escuchar también es igualdad. Todas las voces merecen ser escuchadas.
Interrumpir constantemente a una mujer durante una conversación, una reunión o una clase puede parecer un gesto sin importancia.
Cuando ocurre de forma repetida transmite que sus ideas tienen menos valor o merecen menos atención. Escuchar activamente, respetar los turnos de palabra y dar espacio para expresarse también forma parte de la igualdad.
4. Ayudar no es sustituir
La caballerosidad no debe convertirse en paternalismo. Acompañar no significa sustituir.
Frases como «Déjalo, mejor lo hago yo» suelen pronunciarse con buena intención.
Sin embargo, cuando sustituimos continuamente a otra persona en lugar de permitirle aprender, decidir o participar, la ayuda puede convertirse en paternalismo. La igualdad implica confiar en las capacidades ajenas y respetar su autonomía.
5. El control no es amor
La igualdad no se manipula. Controlar nunca es una muestra de amor.
Preguntar constantemente con quién está una persona, revisar su móvil, controlar sus amistades, gestionar su dinero o exigir contraseñas puede presentarse como preocupación o protección.
Cuando alguien limita la libertad o la capacidad de decisión de otra persona ya no hablamos de cuidado, sino de control. Las relaciones sanas se construyen desde la confianza, el respeto y la libertad.
Imágenes y textos extraídos de la web de la campaña.
