Noche histórica la que se vivió ayer en Los Ángeles. La 89ª edición de los Óscar demostró que no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo. Que se lo digan a La ciudad de las estrellas (La, la, land), la gran favorita. Aunque ganadora de seis premios (entre ellos: mejor dirección, mejor actriz principal y mejor banda sonora), quedó muy lejos del récord que se le auguraba.

Parte de la culpa del traspiés del musical de Damien Chazelle se debe al drama Moonlight. Éste se llevó tres galardones, incluyendo el más codiciado (mejor película). Una sorpresa a medias, ya que el film de Barry Jenkins había sonado como candidato firme en los últimos días. Pero lo que nadie esperaba era la metedura de pata cometida en el momento de la entrega del premio. Una simple anécdota, si no se tratara de un evento seguido en directo por millones de personas en el mundo… y de una humillación (involuntaria) para Chazelle y su equipo.

Entre el resto de premiados, destacan dos por su significado en estos momentos de crispación política y social en los Estados Unidos. Mahersala Ali es el primer actor de religión islámica en obtener un Óscar (al mejor actor de reparto), y el reconocimiento a la mejor película de habla no inglesa fue para la iraní El viajante.

Como en el 2016, te dejamos un enlace al resumen de los principales premios cinematográficos de este comienzo de año.

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