El mundo anda revuelto, con líderes internacionales desbocados y sociedades rehenes del miedo. Pero no debemos olvidar que hubo otros momentos, no tan lejanos, en que la humanidad también parecía haberse vuelto loca de remate. Este fin de semana recordaremos la Guerra Fría (1945-1991), desde la mirada de Stanley Kubrick y ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (DVD 5901).

La película es una sátira sobre la política de grandes bloques de aquella época: Capitalismo vs. Comunismo, OTAN vs. Pacto de Varsovia, Estados Unidos vs. Unión Soviética. En 1964 apenas se había superado la crisis de los misiles de Cuba, que a punto estuvo de provocar una tercera guerra mundial. En este contexto, cualquier incidente podía derivar en un enfrentamiento de consecuencias incalculables. Y Kubrick lo aprovecha para montar una historia en la que un general estadounidense fuera de control ordena un ataque nuclear contra Rusia…

Si sólo fuera esto, estaríamos ante un ejemplo más de un tema (la tensión Este-Oeste) que el cine abordó a menudo durante los años 60. Lo que distingue a este film es su tono de comedia negra: empieza siendo un drama y se transforma en una farsa con un final delirante. A pesar de su pesimismo, nos hace sonreír. Ya el título original (Dr. Strangelove, o cómo aprendí a dejar de preocuparme y querer a la bomba) avisa por dónde van los tiros. Los nombres de varios personajes, una ingeniosa combinación de censura y burla, lo confirma: el paranoico general Jack D. Ripper (Jack the Ripper = Jack el Destripador), el patriota “Buck” Turgidson (macho pomposo), el coronel “Bat” Guano (cagada de murciélago), el apodo del avión que porta la fatídica bomba atómica (Leper Colony = Leprosería)… Por supuesto, nada de esto figuraba en la novela en que se basa el guion.

La cinta aportó a la historia del cine imágenes emblemáticas como la del coronel T.J. “King” Kong cabalgando la bomba cual cowboy de rodeo. También popularizó el concepto de teléfono rojo, una línea directa de comunicación que acababa de establecerse entre Washington y Moscú (y sigue vigente). Pero, aparte de otros méritos, el valor supremo del largometraje reside en las interpretaciones de sus protagonistas. George C. Scott sobractúa el papel de jefe del Estado Mayor, pero eso es precisamente lo que Kubrick deseaba. Sterling Hayden borda al general Ripper, obsesionado con los comunistas y los “preciosos fluidos corporales” de los americanos. Y Peter Sellers está soberbio en su triple rol de presidente Merkin Muffley, capitán Lionel Mandrake y Dr. Strangelove, el demente científico nazi.

El estreno de ¿Teléfono rojo? se retrasó unos meses por el asesinato de J.F. Kennedy. La crítica no perdonó su carácter transgresor, los dobles sentidos, ni que ridiculizara al complejo político-militar de los Estados Unidos. Se la llegó a calificar de película antiamericana y los Oscar la ignoraron. El tiempo se encargaría de poner las cosas en su sitio. En 1989 ingresó en el Film National Registry; y, en 1996, Tim Burton la homenajea en Mars Attacks!.

Si aceptas un consejo, escúchala en versión original para apreciar el esfuerzo interpretativo de Peter Sellers. Y no te pierdas el documental “Cómo se hizo”, ni las entrevistas al mismo Sellers y a Scott a propósito de su participación en el rodaje.

A modo de tráiler, dejamos esta secuencia del grotesco Dr. Strangelove.

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