La presencia de animales en el cine es tan vieja como el séptimo arte. Los hay de todas las especies, tamaños y eras: desde el poderoso Tiranosaurio Rex hasta la insignificante hormiga, a veces dotados de humanidad. Con mayor razón nuestros parientes primates; también ellos atraen a las cámaras, siendo objeto tan pronto de risa como de miedo. El inminente estreno de una nueva -¿y última?- entrega de la saga El planeta de los simios, es la excusa perfecta para ver algunos ejemplos de la Mediateca.

La primera aparición memorable de un simio en la gran pantalla se remonta a los años 30 del siglo XX. Digan lo que digan, las aventuras de Tarzán no son lo mismo sin su fiel compañero Chita, el chimpancé (o la chimpancé) que pone el punto cómico, hace de mensajero entre el hombre mono y sus aliados, y en ocasiones lidera al resto de animales de la selva cuando aquél se encuentra en apuros. El personaje estuvo presente en todas las películas y series de Tarzán hasta los años 60, aunque, curiosamente, no se encuentra en las novelas de Edgar Rice Burroughs que las inspiraron. Jiggs es el nombre del chimpancé que asumió por vez primera el rol de Chita, en sendos largometrajes del mítico Johnny Weissmuller: Tarzán de los monos (1932) y Tarzán y su compañera (1934). Hay serias dudas sobre su extraordinaria longevidad, que le habría permitido vivir hasta 2011 (¡80 años!).

King Kong es contemporáneo de Chita. Eso sí, mucho más grande y feroz, aunque igualmente dotado de inteligencia y sentimientos. Es el rey indiscutible de una isla perdida en el Océano Índico, temido e idolatrado por sus habitantes, hasta que un puñado de yanquis lo capturan y trasladan a Nueva York para exhibirlo como un vulgar animal de feria. Contiene los ingredientes clásicos del éxito cinematográfico: acción, suspense, romance, drama, fantasía… No es de extrañar que haya conocido versiones para todos los gustos (excelentes, buenas, regulares y para olvidar). Una historia de monstruos, sí, pero también una reflexión sobre la difícil relación del hombre con la naturaleza.

La adaptación animada de El libro de la selva que llevó a cabo Disney en 1967, presenta cambios importantes con respecto a los relatos de Rudyard Kipling. Pero mantiene a los Bandar-Log, el pueblo mono sin ley que rapta a Mowgli. ¿Y quién no recuerda al estrafalario Rey Louie, un orangután que envidia el secreto de los humanos (el fuego), según explica en la pegadiza Quiero ser como tú? Un tipo gracioso que disfruta del lado lúdico de la vida… y lo bastante desequilibrado para guardar las distancias, por si acaso.

Al poco verían la luz dos visiones icónicas de los primates. Los primeros minutos de 2001, una odisea del espacio son una lección de eficacia narrativa sin diálogo. Inspirada por el famoso monolito, la comunidad de simios que lidera  Moon-Watcher (el nombre aparece en el libro de Arthur C. Clarke, no en el largometraje) descubre la ventaja del uso de herramientas para cazar y enfrentarse a sus competidores. Como indica el título de esta parte de la película, se trata del amanecer del hombre (o, menos poéticamente: la puesta en marcha del proceso de hominización de nuestros ancestros).

También hay un trasfondo evolutivo en El planeta de los simios, pero sin tanta hondura filosófica y con más sustancia política y social. El original de 1968 (otra adaptación literaria) lo protagoniza Charlton Heston; pero los personajes “simios” (Doctor Zaius, Zira y Cornelius, etc.) derrochan tanta o más personalidad que el humano, gracias a unas estupendas caracterizaciones artesanales (el maquillaje consumió el 17% del presupuesto).

En Gorilas en la niebla (1986) regresamos a los animales de carne y hueso… y a la cruda realidad. Cuenta la lucha de la naturalista Dian Fossey en defensa de los gorilas de montaña en Ruanda, lo que terminó por costarle la vida a manos de cazadores furtivos. Un film que sirvió para despertar conciencias y para que  Sigourney Weaver se apuntara un tanto con este papel dramático.

Desde los años 90 hemos tenido monos de todos los palos: el chistoso, el que entabla amistad con los humanos, el que los joroba, el portador de un virus asesino capaz de borrarnos del mapa (Estallido, 1995)… Sin embargo, terminamos este repaso volviendo a El planeta de los simios. La cinta de Franklin J. Schaffner casi ha caído en el olvido, pero inauguró una franquicia que tuvo cuatro secuelas en los 70. Tim Burton dirigió en 2001 un remake mal acogido. Rupert Wyatt y Matt Reeves han preferido el reboot, un reinicio de la saga que cede el protagonismo a César, el chimpancé líder de la revuelta simia. CGI espectaculares y guiones  trabajados consiguen captar el interés del público y el respecto de la crítica.

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