En la industria cinematográfica no todos los premios se valoran igual ni, obviamente, tienen la misma trascendencia. La reciente 32ª edición de los Premios Goya será recordada por La librería, ganadora a la mejor película, la mejor dirección y el mejor guion adaptado. Sin embargo, con los números en la mano el gran triunfador fue el drama histórico Handía. La cinta vasca amortizó diez de sus trece nominaciones (Isabel Coixet se presentaba con doce), en su mayoría de carácter técnico, pero también la de mejor actor revelación (Eneko Sagorday).

Entre el resto de premiados, el debut de Carla Simón (Verano 1993) mereció la mejor dirección novel, el mejor actor de reparto (David Verdaguer) y la mejor actriz revelación (Bruna Cusí). Nathalie Poza otuvo el premio a la mejor actriz protagonista por No sé decir adiós, otro drama familiar. Javier Gutiérrez (mejor actor principal) y Adelfa Calvo (mejor actriz de reparto), los suyos por la inquietante El autor.

No faltaron los mensajes reivindicativos: emotiva Marisa Paredes al recibir el Goya de Honor, y aplaudido el “rebeldía, resistencia y amor” que lanzó la transexual chilena Daniela Vega al recoger el “cabezón” a la mejor película hispanoamericana (Una mujer fantástica). La acostumbrada falta de ritmo no ayudó a una gala que fue la menos seguida en los últimos diez años, a pesar del humor de los conductores Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla.

Algunas de las cintas premiadas ya han regresado por unos días a las pantallas de los cines. Una nueva oportunidad de ver las que nos perdimos en su momento.

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