Para aquellas personas que piensan que el cine de animación es infantil, este fin de semana les proponemos Anomalisa (DVD 10758). La historia de un escritor que, con motivo de impartir una conferencia en una convención para profesionales de la atención al cliente, descubre al que podría ser el amor de su vida.

Te equivocas si estás pensando en la típica comedia romántica. No tanto si imaginas un Up in the Air o un Lost in Traslation en clave animada. Veamos por qué.

Para empezar, está Charlie Kaufman, un director que ya había dejado claro en sus guiones (Cómo ser John Malkovich, ¡Olvídate de mí!), y con su debut tras las cámaras (Synecdoche, New York), que lo suyo no es la narración convencional. Y no es que el tema de Anomalisa (Gran Premio del Jurado en la Mostra de Venecia de 2015) sea nuevo en el cine: el hombre o la mujer que arrastra una existencia gris, hasta que un día cree haber encontrado a alguien que destaca entre la masa y será su tabla de salvación. Lo hemos visto antes con personajes de carne y hueso. ¿Qué hay de distinto en Kaufman? Un punto neurótico y surrealista, marca de la casa, que, además, se ajusta de maravilla al stop motion. Pero este toque fantástico tiene su explicación, que es, precisamente, la clave de la película y, por tanto, no vamos a desvelar.

Co-dirigida por Duke Johnson, parte de una obra de teatro que Kaufman escribió bajo seudónimo. En principio iba a ser un cortometraje de 40 minutos (con presupuesto reunido en una web de micromecenazgo para proyectos creativos), pero terminó siendo una película de 90. Para crear los muñecos se emplearon impresoras 3D. La técnica que los anima tiene una larga trayectoria en el cine y requiere mucho trabajo y paciencia, lo puedes comprobar en el “behind the scenes”.

Anomalisa es una historia realista con ropajes extraños, casi oníricos. Como en otros dramas adultos abordados por el cine de animación, este tipo de rodaje otorga mayor libertad expresiva a guionistas y directores. Y al espectador le da un respiro, ese distanciamiento necesario cuando lo que se cuenta es, al fin y al cabo, la cruda realidad.

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