Tolkien en 1967

Pocos apellidos hay, en la historia de la literatura universal, tan reconocibles como el de Tolkien. Si le anteponemos las iniciales J. R. R., pocas personas dudarán de la identidad del personaje. Pero si, después de añadir que es el autor de El hobbit y El señor de los anillos, sigues sin caer en la cuenta, necesitas leer este post urgentemente.

Desde el 1 de este mes, y hasta el 28 de octubre, Oxford acoge la exposición Tolkien: Creador de la Tierra Media. No dudes en visitarla si este verano te das un salto a Inglaterra. Al resto siempre nos quedará el cine para aventurarnos en el mundo de fantasía nacido de la mente de John Ronald Reuel Tolkien.

Primera edición de ‘El Silmarillion’ (1977)

Su obra apenas tuvo competencia hasta la aparición, en 1996, de Canción de hielo y juego de George R. R. Martin. La comparación entre estos dos pesos pesados del género es inevitable, aunque Martin se considera libre del supuesto maniqueísmo de su predecesor. Ambos se inspiran en un remoto pasado histórico, que en el caso de los Siete Reinos abarca del Imperio romano a la Europa medieval. En Tolkien, además, la mitología y la lingüística desempeñan un papel fundamental; sus vastos conocimientos filológicos le permitieron crear lenguas como el quenya y el sindarin, e imaginar un universo de raíces nórdicas, pero impregnado de preocupaciones religiosas y filosóficas modernas. El Silmarillion, una recopilación de relatos editada póstumamente, describe ese mundo ficticio y sirve de marco de referencia para El hobbit y El señor de los anillos.

La cubierta de la primera edición de ‘El hobbit’ (1937) tiene un dibujo del propio Tolkien

El hobbit nació como un cuento infantil destinado a sus hijos. Narra las aventuras de Bilbo Bolsón, un simpático y valiente hobbit (seres emparentados con los hombres, de baja estatura, vello abundante en los pies y amigos del buen comer) que se embarca, sin proponérselo, en la aventura de su vida: recuperar Erebor, el reino que el dragón Smaug arrebató a los enanos, en compañía del mago Gandalf y trece miembros de esta robusta raza fantástica.

El librito tuvo el suficiente éxito, incluso entre el público adulto, para que Tolkien emprendiera la redacción de una secuela más ambiciosa, que acabaría por convertirse en El señor de los anillos. Ahora, el hilo conductor es el anillo mágico que Bilbo encontró durante sus andanzas y del que pende nada menos que el destino de la Tierra Media. El tono es mucho más serio y oscuro, propio de una lucha que enfrenta a hobbits, enanos, elfos, hombres y demás criaturas en su fidelidad al Bien o al Mal.

Pimera edición en un solo volumen de ‘The Lord of the Rings’ (1968)

El señor de los anillos fue un “boom” literario, situándose como una de las obras de ficción más populares del siglo XX. Pronto se intuyeron sus posibilidades para el cine, aunque, de momento, solo vio la luz una versión animada que bebía de los dos primeros tomos del libro. Por la misma época (finales de los años 70), también hubo un adaptación televisiva de El hobbit, igualmente en dibujos animados, pero mucho más modesta y dirigida al público infantil.

Y entonces llegó Peter Jackson. Su intención original era rodar con actores reales El hobbit, seguido de El señor de los anillos en dos partes. Problemas en los derechos cinematográficos hizo que se enfocara en el segundo proyecto, que finalmente constaría de tres películas (una por cada volumen de la novela). El reto no era para tomárselo a broma, porque consistía en llevar al cine una obra compleja, contentar a la legión de fans de Tolkien y rendir en taquilla. Apostándose el todo o nada, filmó la trilogía de un tirón en Nueva Zelanda. Luego, la estrenó a razón de película por año, siempre en víspera de las fiestas navideñas.

En 2001 salió La comunidad del Anillo (DVD 5577), que anuncia la trama (la destrucción del Anillo Único) y presenta a los protagonistas: Frodo, sobrino de Bilbo, y sus fieles compañeros Sam, Merry y Pipin; los magos Gandalf y Saruman; Aragorn, también llamado Trancos, jefe de los duros montaraces del Norte y heredero del desaparecido reino de Arnor; Legolas y Gimli, hijos respectivos del rey de los elfos del Bosque Negro y de uno de los enanos de El hobbit; y, por supuesto, la lejana e inquietante presencia de Sauron, el Señor Oscuro que ansía recuperar el Anillo de Poder. (También aparece, brevemente, Gollum o Smeagol, el hobbit corrompido por el Anillo con el que se topó Bilbo años atrás, y que cobrará importancia en las entregas siguientes).

La comunidad del Anillo fue un éxito aplastante de crítica y público. Ganó cuatro Oscar y destapó la “tolkiemanía” a escala planetaria. En 2002 le tocó el turno a Las dos torres (DVD 5578). Narrativamente se centra en la disolución de la comunidad o compañía, la decisión de Frodo de continuar en solitario su misión de destruir el Anillo y la intervención de los jinetes de Rohan hasta la batalla del Abismo de Helm. Hubo menos premios (Oscar a los mejores efectos sonoros y visuales), pero las miradas ya estaban puestas en la tercera y última entrega.

El Retorno del Rey (DVD 5579) fue el acabóse: récord de premios (11 Oscar, igualando a Ben-Hur y Titanic) y una recaudación sobresaliente (sigue estando entre las 50 películas más taquilleras de la Historia). La madre de todas las batallas, primero en Gondor (último reducto de los enemigos de Sauron), luego a las puertas de Mordor, su guarida infernal. Un desenlace inesperado (si nunca has visto la peli ni leído el libro) por quién lo provoca y cómo sucede. Y un epílogo que deja al espectador (como antes al lector) con un sabor agridulce en los labios.

La trilogía gustó en líneas generales a los “tolkienianos”. Hubo críticas a determinadas decisiones argumentales, pero el resultado global fue satisfactorio. Los efectos digitales (punteros en aquel comienzo del siglo XXI) son la gran baza visual que permite a Jackson plasmar en imágenes un universo literario de tanta riqueza. La banda sonora de Howard Shore (dos Oscar) acompaña y subraya el relato con acierto, como explica Jaime Altozano en su canal de YouTube. Y no hay que olvidar el acceso a la fama instantánea de Elijah Wood (Frodo), Viggo Mortensen (Aragorn), Orlando Bloom (Legolas) e, incluso, del veterano Ian McKellen (Gandalf).

Es tentador preguntarse qué hubiera opinado Tolkien del traslado de su criatura a la gran pantalla. Más aún: ¿cómo habría encajado el siguiente proyecto de Jackson: El hobbit? De él hablaremos en otra entrada.

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