El disco que nos visita este mes es obra de uno los personajes más influyentes en el panorama musical británico e internacional de los últimos cuarenta años. Peter Gabriel no es solo un cantante y productor de prestigio; también ha sido un innovador audiovisual, un promotor de la llamada World Music y un activista involucrado en causas humanitarias.

Peter Brian Gabriel se hizo un nombre en los años 70 como vocalista y frontman del grupo de rock progresivo Genesis, destacando por sus letras irónicas y por la parafernalia teatral que desplegaba en las actuaciones en vivo de la banda. En la segunda mitad de la década emprendió carrera en solitario, que hasta 1982 consistió en cuatro álbumes de estudio (más uno en directo), sin título oficial, pero reconocibles por sus portadas. Los cuatro tenían un marcado tono experimental, y un himno como Biko mostraba el interés del cantante por combinar rock y elementos étnicos.

Peter Gabriel en su etapa Genesis

Después de componer y grabar en 1984 las banda sonora de la película Birdy, Gabriel invirtió prácticamente un año entero en So (CD 1059), que vería la luz en mayo de 1986. Menos experimental que los anteriores, fusionaba pop, rock, soul y, por supuesto, influencias étnicas. El resultado fue un disco ambicioso, pero accesible a un público más variado. En la coproducción repitió Daniel Lanois, ya presente en Birdy y luego en Us (el elepé que siguió a So). En las sesiones de grabación participaron, entre otros, Tony Levin al bajo, David Rhodes a la guitarra, y Jerry Marotta y Manu Katché en la batería y percusión.

So se vendió muy bien (cinco veces disco platino); de hecho, es el mayor éxito comercial de Gabriel. Parte del mérito corresponde a la MTV, la cadena de televisión por cable que tanto promocionó a las estrellas de los 80. El primero de los seis sencillos que se extrajeron, Sledgehammer, causó sensación por un vídeo rodado en stop-motion que, precisamente, arrasaría en los MTV Video Music Awards de 1987. Entonces no existía la saturación audiovisual de ahora, por lo que se comprende el bombazo. Ha sido el único número 1 de Gabriel en Estados Unidos.

El segundo single fue Don’t Give Up, una balada a dúo con Kate Bush. La letra habla de un hombre sin empleo que se siente derrotado y, de alguna manera, remite a la Gran Depresión y al Reino Unido de la era Thatcher. La voz ronca de Gabriel pocas veces ha sonado más cansada.

Todos y cada uno de las 8 cortes del disco (9 con el bonus track del cedé, que, además, los ofrece en orden distinto al vinilo) merece ser escuchado. Nosotros cerramos con Big Time, otro tema pegadizo, sustentado en una línea de bajo de Levin y Marotta (origen del “funk finger”, la técnica de usar baquetas para tocar el bajo eléctrico) y en la batería de Stewart Copeland (el baterista de The Police). El estilo visual del vídeo es similar al de Sledgehammer.

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