“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. Esta frase, que se atribuye erróneamente al actor James Dean y que el punk hizo suya después, recuerda también el viejo tópico que asociaba el rock con la rebeldía juvenil, el sexo sin tabúes, el consumo de drogas y, en casos extremos, con la muerte prematura (a ser posible, en circunstancias trágicas). Si, además, ya eras una estrella en vida, reunías todos los boletos para convertirte en un icono inmortal.

Y si no, que se lo digan a Jim Morrison, quien, como el resto de los integrantes del Club de los 27 (Kurt Cobain, Amy Weinhouse, Jimi Hendrix, Janis Joplin…), se ajusta perfectamente a la descripción. Valga este preámbulo como introducción al disco del mes de febrero: The Doors (CD 550).

The Doors dejaron una profunda huella en el rock a finales de los 60. Su carrera oficial como cuarteto abarca unos ocho años (1965-1973); la comercial fue más breve todavía, si consideramos que el primer lanzamiento es de 1967 y que su líder fallece en 1971. Aún así, les dio tiempo a sacar seis álbumes de estudio (más otros tres post-Morrison, pero solo el último, en 1978, tuvo buenas ventas gracias al empleo de grabaciones que contenían su voz). Como tantas otras bandas, sus inicios fueron modestos, en clubes nocturnos de Los Angeles, dando ya muestras del carácter polémico que sería una de sus señas de identidad.

The Doors en una foto promocional de 1966. De izquierda a derecha: Densmore, Krieger, Manzarek y Morrison

El disco homónimo fue el primero y seguramente el más famoso de todos. Habían tenido tiempo de sobra para tocar y pulir las canciones en los conciertos, de modo que la grabación fue muy rápida. Cuando vio la luz en enero de 1967, causó una gran sensación, llegando a ser uno de los mejores debuts de la historia del rock. Una buena parte del mérito corresponde a las letras (demasiado explícitas para la moral de la época), la voz y el carisma de Morrison. Pero el sonido Doors no hubiera sido el mismo sin los teclados de Ray Manzarek, la guitarra de Robby Krieger y la batería de John Densmore (una nota distintiva del grupo era la ausencia de un bajista).

La música de este disco muestra múltiples influencias. De los once temas, dos son reinterpretaciones de una antigua canción de cabaret (Alabama Song) y de un blues de 1960 (Back Door Man). También tiene cabida la línea melódica (The Crystal Ship), si bien se reservan lo mejor para los momentos psicodélicos. Y aquí empiezan los problemas. El corte que abría el vinilo (y primer single), Break on Through (To the Other Side), contenía una palabra (“high”) que la discográfica censuró por estimar que podía incitar al consumo de drogas (aparece restaurada en la edición remasterizada de la Mediateca).

Claro que esto no fue nada comparado con los dos temas más largos, precisamente los más famosos. Light My Fire (número 1 en Estados Unidos) en cierto modo abría la senda del jazz-rock de los 70, pero sus detractores se fijaron en la letra, que hacía tanto referencia al placer sexual como -aún peor- a la sensación eufórica del drogadicto. Al presentarse en el show televisivo de Ed Sullivan (una cita obligada para cualquier artista o grupo con aspiraciones en los Estados Unidos), se les adviritó de que debían modificar el verso más polémico (“Girl, we couldn’t get much higher”), pero Morrison lo olvidó, o fingió ignorarlo, originando un escándalo. Así nació la leyenda de Light My Fire y del mito Morrison:

La cumbre psicodélica se alcanza en el último tema del disco, el más largo; una pieza épica de 11 minutos de duración que trata del deseo y la muerte, por supuesto, con el sello personal de Morrison. Si el mejor tributo a Light My Fire es la cantidad de versiones que generó, The End da el toque hipnótico a esta escena de Apocalypse Now:

Más sobre The Doors en la Mediateca:

  • L. A. Woman. Sexto y último álbum de estudio de la banda publicado en vida de Jim Morrison (1971). Menos psicodelia y más blues y pop, aunque incluye el clásico Riders on the Storm. Nuestro ejemplar pertenece, como el homónimo The Doors, a la edición “40th Anniversary” que Rhino Records sacó a la venta en 2007, con nuevas mezclas y pistas adicionales.
  • The Doors. Live in Europe 1968. Vídeo filmado durante su gira europea de 1968, con extractos de actuaciones en Londres, Estocolmo, Frankfurt y Amsterdam. La calidad de la imagen deja bastante que desear, pero suficiente para hacerse una idea de cómo se desempeñaba el cuarteto en directo.
  •  The Doors. La película que Oliver Stone dirigió en 1991, obviamente más enfocada en la leyenda de Jim Morrison que en el resto del grupo.
  • When You’re Strange. Documental de 2009 escrito y dirigido por Tom DiCillo, más ajustado a la realidad que la cinta de Stone y con mejores imágenes que la gira del 68.
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