Durante la década de los 80 y 90, la escena musical pop femenina estuvo dominada internacionalmente por Louise Veronica Ciccone. A sus 60 años, esta estadounidense de ascendencia italiana es, o ha sido, cantante, compositora, actriz y empresaria. La mayor vendedora de productos musicales de todos los tiempos y una de las figuras más influyentes en la música contemporánea, capaz de reinventarse una y otra vez. Ella es Madonna, y el disco de este mes, Like a Prayer (CD 1175), celebra justo ahora su 30 cumpleaños.

1988 fue un año de transición para Madonna. Entrando en la treintena, su matrimonio con Sean Penn se hundía sin remedio, y su última película (Who’s That Girl) había sido un fracaso de crítica y taquilla. Las cosas le iban mucho mejor en el terreno musical: tres discos de estudio la habían coronado como reina indiscutible del pop, dentro y fuera de los Estados Unidos; y el último, True Blue, se convertiría en el más vendido de su carrera. Sin embargo, se avecinaban cambios para el siguiente proyecto, que grabó entre septiembre del 88 y enero del 89. De entrada, lo dedicó a su madre, muerta (precisamente, a los 30 años) siendo ella niña. Esto ya da una idea del matiz introspectivo del nuevo trabajo, en el que se reconocen temas muy personales de la cantante, como su infancia y adolescencia, sus relaciones familiares, o su formación religiosa católica.

Madonna luce su atuendo característico durante el ‘Blond Ambition World Tour’, la gira promocional de ‘Like a Prayer’

También hubo novedades en el plano musical. Primero, Madonna se involucró intensamente en la producción y en la composición de las letras. Segundo, en lugar de limitarse a explotar la senda discotequera de los álbumes anteriores, hay mayor variedad y combinación de estilos (góspel, soul, dance, funk), con el añadido de la influencia -y la presencia- de Prince en algunos temas (cantan a dúo en Love Song) y sonidos. En resumen, un disco más humano y de mayor madurez creativa.

De los seis sencillos extraídos de Like a Prayer, el primero fue el que da título al álbum. El polémico videoclip promocional dio pie a un escándalo rentabilísimo: acusaciones de blasfemia, condenas públicas por parte de la Iglesia, prohibición en varios países, retirada de la campaña publicitaria de Pepsi… Cuando las aguas se calmaron, la canción había sido número 1 en medio mundo y uno de los tres singles más vendidos en toda su carrera, superando los cinco millones de copias.

El segundo sencillo, Express Yourself, era una reivindicación explícita del poder femenino en clave Madonna: una recreación de la mítica Metrópolis de Fritz Lang cargada de tensión sexual.

En comparación con los anteriores, Cherish es un tema sencillo que trata sobre el amor de pareja, con un sonido pop fresco y un ritmo alegre y  pegadizo. Todavía está considerado como uno de los mejores de la cantante.

En el álbum también hay referencias a la figura paterna (Oh Father) y al matrimonio fracasado (Till Death Do Us Apart). Preferimos terminar este breve repaso con el quinto single, compuesto en homenaje a la hija del co-productor y co-escritor Pat Leonard. Más canción de cuna que pop, se trata de una tierna fantasía psicodélica a base de sintetizadores, cuerdas y la voz solista. Y contó con un bonito videoclip en el que aparece una versión animada de Madonna en forma de Campanilla.

No deberías subestimar la influencia de Madonna en la música pop de su tiempo y del nuestro. Sentó una escuela de la que salieron Britney Spears, Christina Aguilera y otras muchas artistas a finales de los 90 y primeros 2000. Y un fenómeno como Lady Gaga no se entiende sin el espejo de aquella estrella que, durante tres décadas, ha sabido adaptarse a los cambios de estilo e imagen que exige el competitivo mercado de la música comercial. La avalan, por ejemplo, los 15 millones de copias vendidas desde 1989 por Like a Prayer.

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