Ayer, mientras en España celebrábamos un superdomingo electoral, en Cannes echaba el cierre la edición número 72 de uno de los festivales cinematográficos con mayor prestigio internacional. Los medios de comunicación de nuestro país, como es natural, han destacado el galardón al mejor actor que se lleva Antonio Banderas por su participación en la última película de Pedro Almodóvar. Pero, para ser justos, habría que empezar con Parasite, la cinta ganadora de la Palma de Oro.

Bong Joon-ho

Este año, el codiciado trofeo ha ido a parar a las manos de Bong Joon-Ho, el primer coreano que lo obtiene, gracias a una historia inquietante de relaciones humanas y diferencias sociales que hace honor al título. Quizá no te suene mucho el nombre, pero es un director apreciado en Europa por su personal manera de explorar -y explotar- los géneros. Su carta de presentación en nuestro país fue Memories of Murder (2003), un thriller que sorprendió a la crítica e influyó en series televisivas como Forbrydelsen o True Detective. Las puertas de Occidente se le abrieron definitivamente gracias al éxito comercial de The Host en 2006. Desde entonces, frecuenta los certámenes europeos; en Cannes estrenó Mother en 2009 y Okja participó en la sección oficial de 2017. El triunfo de Parasite confirma el noviazgo entre director y festival.

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El Gran Premio (Grand Prix) y el Premio del Jurado (Prix du Jury) siguen en importancia a la Palme d’Or. El primero recayó en Atlantique, un drama social africano de la franco-senegalesa Mati Diop; y el segundo, compartido entre Los miserables, ópera prima de Ladj Ly (desarrollo de un corto anterior) que se ambienta en la periferia parisina en los año 90, y la brasileña Bacurau, una apuesta de cine-dentro-del-cine dirigida por Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho. El premio a la mejor dirección fue para los hermanos Dardenne, quienes ofrecen en El joven Ahmed una visión del integrismo religioso (yihadista) más psicológica que política. Encontrarás el palmarés completo del festival aquí, incluyendo ilustres nominados sin recompensa como Ken Loach y Quentin Tarantino.

Por otra parte, no olvidemos que Cannes no solo es un escaparate, sino, además, un centro de negocios muy lucrativo. En este sentido, nadie ignora la controversia generada por la introducción en esta clase de certámenes de un gigante del cine en streaming como Netflix. Pues bien, esta vez se ha hecho con los derechos de distribución de al menos dos películas, la mencionada Atlantique y el largometraje de animación francés I Lost My Body. La enésima muestra de que los canales creativos y las redes de comercialización en el séptimo arte se están transformando a marchas forzadas.

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