El cine, al igual que la música, es una fábrica de recuerdos. Recuerdos, por definición, impregnados de subjetividad y, a menudo, de nostalgia. Sin embargo, si se acompañan del saber cinéfilo, aumenta su valor a ojos de quienes somos simples espectadores. Lo puedes comprobar este fin de semana viendo la última producción de Bertrand Tavernier: Voyage à travers le cinéma français, apropiadamente traducida en España como Las películas de mi vida (DVD 10587).

Francia tiene motivos sobrados para sentirse orgullosa de la historia de su cine, no en vano fue la cuna del séptimo arte. El documental de Tavernier hace un recorrido por un pedazo de esa historia, la que transcurre desde los años 30 hasta principios de los 70 del siglo XX (cuando él mismo rodó su primera cinta). Durante 190 minutos asistimos a la disección de 93 obras clásicas según el testimonio del director de Alrededor de la medianoche, La vida y nada más, Capitán Conan y Hoy empieza todo.

Este marcado acento personal es visible en las filias y fobias del comentarista: el temprano descubrimiento del cine de Jacques Becker, la admiración hacia el actor Jean Gabin, la crítica al Jean Renoir colaboracionista durante la ocupación nazi, la reivindicación de los compositores franceses… Tavernier es claro en sus gustos y, por supuesto, un hijo de su época, la de la Cinémathèque de Henri Langlois y los Cahiers du cinéma. Como hiciera antes Martin Scorsese con Hollywood e Italia, este viaje a través de cinco décadas de oro de la cinematografía francesa sirve, en primer lugar, para desentrañar los orígenes artísticos del autor. Pero también cumple la función didáctica de guiarnos (ausencias incluídas) por un tiempo de grandes nombres y grandes películas.

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