El lema del Día Internacional de la Mujer 2019 (“Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio“), nos recuerda, entre otras cosas, el papel que las mujeres desempeñan en el desarrollo científico y tecnológico de la Humanidad. Un papel muchas veces negado, oculto o minusvalorado, y siempre con el lastre de los estereotipos de género.

El cine, al fin y al cabo un medio de expresión artística y social, alimenta esos clichés, a la vez que debiera ser una herramienta del cambio. Hoy te mostramos dos ejemplos de cómo Hollywood ha abordado el tema en épocas muy diferentes. Uno es un clásico centrado en una personalidad de talla internacional, mientras que el otro se basa en tres figuras casi anónimas.

Desde muy pronto, la meca del cine occidental aprovechó el interés de determinados personajes de la Historia para trasladarlos a la gran pantalla. Así sucedió con Marie Curie (1867-1934), pionera en el estudio de la radioactividad, dos veces premio Nobel (en Física y en Química) y primera mujer profesora en la Universidad de París. Motivos que justifican de sobra el biopic que dirigió Mervin Leroy en 1943: Madame Curie (DVD 8111).

Marie Curie  a comienzos del siglo XX

Ahora bien, ya sabes que ficción cinematográfica no es lo mismo que cine documental: aquella no necesita ser absolutamente fiel a la realidad, sino que la amolda al gusto de la taquilla (o del director/productor). En el Hollywood dorado esto solía significar más ficción que realidad, pero la trama del film de Leroy resultó más ajustada a los hechos de lo que cabía esperar. Dentro de unos límites, claro. Para empezar, no es un resumen de la vida de Marie Curie (Skłodowska de soltera); quedan fuera su infancia y juventud en Polonia, su segundo Nobel (1911), su labor durante la Primera Guerra Mundial, y el reconocimiento internacional que siguió recibiendo hasta su muerte. Tampoco hay referencia a sus ideas políticas, a favor de la independencia polaca (aunque no es una casualidad que la película se estrenara en plena Segunda Guerra Mundial, estando Polonia sometida a la tiranía nazi), y apenas a las críticas xenófobas que sufrió. El guion se centra en su relación con Pierre Curie, con quien compartió investigaciones, matrimonio y honores desde finales del siglo XIX hasta la muerte de él en 1906. En este sentido, sigue las pautas de cualquier drama romántico de la época, enfocándose en lo sentimental, lo familiar (el matrimonio Curie tuvo dos hijas), y situando en un segundo plano la carrera profesional.

Con todo, hay que valorar que, hace 76 años, Hollywood se dignase homenajear a una mujer científica. Más aún, Madame Curie cumple satisfactoriamente el objetivo de acercarla al espectador medio, en parte gracias a la buena sintonía de la pareja protagonista. En efecto, fue la cuarta colaboración de Greer Carson y Walter Pidgeon, quienes ya eran famosos por haber encarnado al matrimonio Miniver. El éxito no se repitió esta vez, ya que el largometraje no consiguió ninguna de sus siete nominaciones a los Óscar. Pero, a pesar de sus defectos, continúa siendo una aproximación cinematográfica válida, no del todo superada por la visión más actual de Marie Noëlle.

Katherine Johnson, física, científica y matemática estadounidense, un año antes del estreno de ‘Hidden Figures’

Entre Madame Curie y Figuras ocultas (DVD 10771) median tres cuartos de siglo, y se nota. Pasamos de una científica francesa de origen polaco anterior a la Segunda Guerra Mundial, a tres matemáticas afroamericanas en los años 60. Entre la una y las otras, no sólo existe una distancia temporal, sino también cultural y racial. Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson empezaron sus carreras cuando la segregación racial estaba socialmente aceptada o tolerada, incluso en una institución oficial como la NACA (antecesora de la NASA). De modo que si Curie hubo de vencer los prejuicios de género y hasta xenófobos, ellas se enfrentaron al del color de la piel. Fue en este marco (el de la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana en los Estados Unidos) que Johnson, Vaughan, Jackson y sus compañeras de la División Segregada de Cálculo del Ala Oeste del Centro de Investigación Langley contribuyeron con su trabajo a la Carrera Espacial norteamericana; con el plus de que Dorothy y Mary fueron, respectivamente, la primera supervisora y manager y la primera ingeniera afroamericanas de la NASA.

Para encarnar a este trío de “figuras ocultas”, Theodore Melfi recurrió a Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe. Cumplen perfectamente con sus papeles, igual que el director con el suyo de plasmar una historia aleccionadora. La trama está calculada para no entrar en demasiadas complejidades sobre el racismo y cuestiones de género. Seguramente es bastante predecible, sí, pero asimismo entretenida y con esa factura formal impecable típica de Hollywood. Sobre todo, es un homenaje a aquel grupo de mujeres cuya inteligencia y tenacidad enfrentó con éxito un muro de prejuicios. Un paso importante, a duras penas visible y tardíamente reconocido, en el difícil camino hacia la igualdad y el proyecto común humano.

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